El pasado 18 de octubre el gobierno nacional implementó en la
mayoría de las escuelas de todo el país una evaluación a la que
varias agrupaciones docentes rechazamos con diversos argumentos.
Algunos días de esa fecha, son varias las conclusiones que podemos
extraer.
En primer lugar, el esfuerzo que hicimos muchos y muchas docentes
para advertir a nuestros compañeros y comunidades cuáles podrían
ser las consecuencias de este operativo masivo mediante volanteadas,
charlas y campañas de renuncia de aplicadores. Abundaron, entre
otras, las referencias a los países en donde se toman exámenes
similares, cuyos datos fueron usados para otorgarle más o menos
presupuesto a cada escuela según los resultados (Estados Unidos), la
paga por mérito a los docentes (México) e incluso la privatización
de todo el sistema educativo (Chile). En todos estos casos, al igual
que en Argentina, se impuso una lógica cuantitativa que no tiene en
cuenta las particularidades de cada comunidad, de cada estudiante y,
ni si quiera, de cada materia evaluada.
Algunas de estas consecuencias ya se pudieron apreciar en nuestro
caso: pese a que en un principio el gobierno dijo que los datos
serían anónimos, una semana antes del examen emitió una proclama
que ofrece becas a quienes tengan buen desempeño en estas
evaluaciones, anuncio que se incluyó en los mismos exámenes. En la
misma línea puede leerse la entrega de fondos al “mejor equipo
docente argentino”, llevada a cabo en Tecnópolis el pasado 28/9:
quieren instalar la lógica de la “meritocracia” en la educación.
Por otra parte, fue destacable la organización de la resistencia al
operativo en varios lugares de la provincia: Tigre, La Matanza y La
Plata fueron los casos más destacados, donde las conducciones
multicolores de SUTEBA respaldaron la medida con un paro, a
diferencia de lo que ocurrió en San Isidro. Aquí, la única
propuesta para la jornada de la conducción celeste fue la
implementación de una testimonial “contraevaluación”, por lo
que sólo hubo rechazo donde las agrupaciones multicolores logramos
organizar la resistencia.
Finalmente, no podemos dejar de preguntarnos por el éxito que tuvo
el operativo en la mayor parte del país. Seguramente las causas sean
varias, pero la que más peso tuvo entre mis compañeros que se
anotaron como aplicadores fue la creencia en que la evaluación va a
contribuir a conocer mejor el sistema educativo y, en consecuencia,
implementar políticas que lo mejoren. Estamos seguros de que no va a
ser así, ya que un gobierno que ha incumplido tantas promesas
electorales nos otorga el privilegio de la duda y de una certeza: los
que avisamos, no traicionamos.
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